Patriotas de la pulsera ¿dónde estáis ahora?

Patriotas de la pulsera ¿dónde estáis ahora?
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Quizá sería un momento excepcional para recuperar los juegos de mesa con los niños en familia. Pero lo más probable es que en cada habitación de la casa haya una tele y una playstation y cada uno se entretenga con su mundo virtual y se lleve incluso su bandeja de comida. En el caso de familias humildes, el riesgo de repartirse el contagio del coronavirus entre todos aumenta por metro cuadrado y sin jardín, pero también la conciliación y el pasarlo juntos en casa. Lo cierto es que ahora, desde la noche del sábado 14 de marzo, sí nos lo creemos los españoles. La cara del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su tono de voz, gutural y grave, aún sin escuchar sus palabras, ya lo decían todo. Llamaba a la unidad y a la lucha contra la epidemia mundial más contagiosa de este siglo. Los españoles estamos respondiendo en masa, ¿dónde están los patriotas de la pulserita? Donde siempre, pisando la manguera cuando hay fuego.

Hay un toque de queda al acatamiento de las normas y a la lealtad al Estado para hacer frente a la más contagiosa epidemia mundial de este siglo. Y los españoles nos pusimos las pilas inmediatamente y respondimos como sabemos hacerlo. Ahora, más que nunca, echo de menos a esos “patriotas bravucones” que siempre estaban pidiendo intervención y mando único. ¿Dónde están ahora que hacen falta? Yo diría, que están donde siempre han estado, pisando la manguera cuando hay fuego.

Los españoles y españolas respondemos al Estado de Alarma decretado por el Gobierno. Las calles de nuestras ciudades están vacías, son fantasmagóricas y hasta los y las madrileñas que hoy nos hubiéramos subido tranquilamente a La Pedriza (hermoso parque natural de la Sierra de Madrid) nos quedamos con nuestro perro en casa. Salimos a los balcones a cantar y aplaudir a los auténticos héroes de esta epidemia que ha puesto a España entera en cuarentena y a todo el aparato del Estado a las órdenes de un mando único, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Tendremos más héroes, los y las limpiadoras, los efectivos de los cuerpos de seguridad del Estado, los y las trabajadoras del Transporte público.

Anoche sábado, tras resonar todavía en los oídos y corazones de todas las y los españoles, las palabras del Presidente del Gobierno -ahora comandante en jefe al mando único del Estado de Alarma decretado- que venía a decir, “quédate en casa”, “se un héroe”, “lávate las manos”, “hazlo por nuestros mayores”, “hazlo por ti”, “ellos dieron la vida y su pensión por ti”, “tu solo tienes que dar quince días de encierro”, “hazlo por los sanitarios”, que están en primera línea del fuego, arriesgándose para cuidar de nuestra Salud colectiva y frenar la epidemia que de no hacerlo podría llegar a “colapsar los hospitales”; “respeta las normas” -ahora ya las órdenes-“quédate en casa”. Por eso digo, anoche, tras intentar metabolizar este discurso presidencial sentido y duro, acabamos escuchando algo mucho más amable e igual de patriótico: los cánticos y aplausos desde los balcones de muchos barrios de ciudades españolas en homenaje a nuestros sanitarios.

Y me vienen a la memoria muchas amigas enfermeras, una de ellas, Blanca Soladana, que ha trabajado durante más de 25 años con infecciosos, Sida, tuberculosis, hepatitis, gripes garrafales, con delincuentes, drogadictos e indigentes de toda calaña, etc, y ahora me dice. “¿Lo entendéis ahora? Y me siento orgullosa de ella, así como del hijo de una de mis amigas, las mamás del Montessori, que llevamos a nuestros hijos a este tipo de educación alternativa, Guillén del Barrio, que en estos días se ha convertido en un referente de lucha que da la cara para reivindicar la Sanidad Pública, robusta y bien dotada que tuvimos y que, gracias a Esperanza Aguirre, y sus consejeros Lamela, Güemes, Granados, y sus buenos réditos económicos personales al privatizarla, perdimos en gran parte. Más de dos mil camas y más de dos mil sanitarios, que tan bien nos hubieran venido en estos días. “¿Lo entendéis ahora?”, me dice Guillen, mientras trabaja a destajo luchando por nuestra Salud Pública noche y día.

¿Lo entendéis ahora patriotas de pacotilla? Millones de españoles sí lo entendemos y estamos recluidos en nuestras casas para ayudar a No propagar la epidemia del Covid-19, y a proteger las vidas de las personas de riesgo y de nuestros mayores, para evitar saturar la Sanidad Pública. Que estamos del lado del Estado, del mando único y del Gobierno, para que no cunda el pánico y los facultativos no tengan que llegar al punto de tener que elegir a quien salvan y a quien no. ¿Lo entendéis ahora patriotas de pulsera? ¿Lo entendéis ahora especialistas del discurso retorcido e insolidario? Esto nuestro sí es patriotismo. Del bueno. Del que ayuda y une a un país frente a una amenaza colectiva. No del que lleváis en la muñequita con pulseras absurdas de pijos de moda, cazadores opulentos, señoritos del caballo y damas de la moqueta. He visto estas pulseras, como un sello de identidad, en la muñeca del consejero Güemes, que se montó su empresa privada de analíticas, quitándoselo a la Sanidad Pública, explicando con ese cinismo que sólo Casado sabe imitar: “Que el servicio iba a ser mejor y que al usuario no le iba a costar nada”. Convirtieron en un plis plas, a los pacientes en clientes. Pero los millones de euros que tendrían que estar pagando sueldos de sanitarios y mejoras hospitalarias, fueron a parar a los bolsillos de Lamela, Güemes, Granados, Ignacio González -consejeros de Sanidad de Madrid los dos primeros, y vicepresidentes de la Comunidad de Madrid, mimados de Esperanza Aguirre, los dos últimos-. Todos procesados por esas causas, por cierto. Hoy no hay tiempo de exponer aquí, los sumarios y procesos abiertos y sus causas. Lo dejamos para otro día.

Pero los responsables de la Sanidad madrileña, igual que en Valencia y otras comunidades, son los precursores de una forma de hacer política de trileros. Son aquellos con los que compartía mesa y mantel un tal Abascal y un tal Casado, en Génova, 13, sede del PP. Por cierto, patriotas de puño en pecho, dispuestos a darlo todo para salvar a la Patria. Pero sólo de boquilla. Dónde está ahora su patriotismo, el de verdad, el que pide unidad a todos los españoles, adhesión y lealtad al Estado para hacer frente a tan grave amenaza. La más grave de la reciente historia de nuestra democracia. La que amenaza la salud de un país entero. Ahora les necesitamos, esa bravura, ese macherío para exigir la aplicación del art. 155 y suprimir las comunidades autónomas. Ahora el Estado lo ha hecho, pero por fuerza mayor y más que justificada. Ha decretado el Estado de Alarma, y no por ideología patria, sino por necesidad frente al peor de los enemigos, la peste, la pandemia, la salud de todos los españoles.

Y qué hacen ellos, ¿ser leales y patriotas? No. Otra vez dignos alumnos de la “escuela Aznar” que bebe vino al tiempo que conduce, en mor de su libertad como individuo y en lugar de quedarse en casa, se va a lucir palmito por las calles de Marbella con su esposa, la que esquilmó sus casas a más de dosmil familias humildes madrileñas. Aquí en Madrid Casado, cual crío de siete años, criticando al partido socialista por acudir masivamente a una manifestación convocada por el movimiento feminista. Cuando Gamarra, Pastor, y muchas de sus diputadas y diputados, decidieron libremente, se supone, como personas mayorcitas que son, acudir a un 8M al que jamás, hasta este año habían acudido. Mira que oportunos. Pero eso sí, culpan al gobierno de haber acudido ellos “motu propio”. Siguen hablando para idiotas. Y lo malo es que los interventores de la rigurosidad comunicativa, de la salud política pública y guardianes de los discursos rigurosos y coherentes, nosotros los periodistas, seguimos tragando sapos de este tenor, sin afearles estas conductas tan perniciosas para la salud, en este caso, democrática de un país.

Estamos ante una emergencia nacional y qué hace Casado, el flamante líder de la oposición, al que no se le conoce ni una sola propuesta política o social en el Parlamento enviada por los cauces reglamentarios, salvo denuncias en los Juzgados, sin ton ni son, ni por haber arrimado el hombro para contribuir a la gobernabilidad de este país, en nada de nada, ¿qué hace? Pues en lugar de ponerse al lado de los bomberos -el Estado- para echar agua al fuego, lo que hace es pisarles la manguera. Así son.

Su patriotismo, estudiado en Harvard de fin de semana, o incluso, concienzudamente en Oxford entre la creme de la creme aristocrática europea y argentina, les impulsa a seguir obstaculizando hasta morir en el intento, como hizo uno que ya se tuvo que ir forzosamente a casa: Albert Rivera. Al menos a Inés Arrimada, parece haberle sobrevenido un pequeño rayo de coherencia y compromiso. A ver cuánto dura y a ver si en su partido le obligan a aprender de los crasos errores de su antecesor que abrió de par en par las puertas institucionales a la extrema derecha, cuando todos los países democráticos europeos hacen lo contrario. España pagará muy caro por ello.

Pero ahora estamos en otra película. Póngase cómodo o cómada, recoja a los suyos, ponga la tele, lea libros, haga juegos, entretenga a sus hijos, salga a cantar y aplaudir a nuestros héroes al balcón. Mantenga la calma, el humor y la responsabilidad. Pero sobre todo #Quédese en Casa, y aproveche este parón planetario para reflexionar si los seres humanos íbamos en una carrera alocada y sin rumbo, a matar nuestra paz interior, a matar al planeta, a matar nuestra calma interna, nuestra forma de relacionarnos con los demás desde la solidaridad en vez desde la envidia y la competividad salvaje que marca el mundo laboral y los mercados. Reflexione si ganar dinero, por encima de todo y de todos, era tan importante. Cultive un huerto en el pueblo, si tiene, y si no tiene búsquese uno. Vuelva a valorar lo Rural, la tierra, los pies en el suelo, las relaciones sencillas, solidarias y ecuánimes con los amigos y vecinos. La conciliación familiar. Coma sano. Respire sano. Sienta sano. Lea sano. Alimente su espíritu. Y sea consciente del bien más hermoso que tenemos: la salud propia y la colectiva.

 

 
 

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