Cuando un juez determina prisión preventiva o provisional a alguien, lo priva de su libertad, aunque aún no exista una sentencia firme. Esta medida afecta el principio de presunción de inocencia, que establece la inocencia de una persona y solamente a través de un juicio donde sí se demuestre la culpabilidad del individuo, se le aplicará la pena. Solo se admiten medidas preventivas cuando hay riesgo de fuga o peligro de que la persona que se encuentra en este proceso, pueda afectar la investigación.

Esta medida cautelar choca directamente contra la presunción de inocencia, ya que antes de que se haya demostrado la culpabilidad de un acusado, lo pena. Se trata de un daño irreparable si finalmente se demuestra que es inocente, afectando a su imagen, a su reputación, a la vida laboral y por supuesto a la privada.

El Consejo del Poder Judicial admite unos 20 errores en los últimos cinco años. Declaraciones falsas, identificaciones que no se hicieron bien, hacen que una persona pueda parecer culpable de algo, cuando en realidad no lo es. No existir una certeza sobre una decisión puede acabar con una persona inocente dentro de una prisión.

Todos recordaremos el caso Wanninkhof. Se trata de un suceso que conmovió a todo un país. Dolores Vázquez fue condenada de forma errónea acusada de acabar con la vida de una joven. Pasó un año y medio en prisión, además de ser linchada mediante el juicio público a la que estuvo sometida. Ya libre, recibió las disculpas de una sociedad que mayoritariamente la culpó de lo ocurrido.

Rafael Ricardi, José Antonio Valdivieso o Raúl S., también fueron injustamente condenados por asesinatos, robos o violaciones que jamás cometieron. Rafael estuvo en prisión la friolera de trece años, hasta que se demostró su inocencia después de tanto tiempo. Por otro lado el Gobierno indemnizó a la baja su mayor error judicial de la democracia, el caso de Valdivieso fue una de las mayores negligencias judiciales.

Todos estos casos y muchos más que no voy a mencionar aquí, fueron condenados con sentencia firme, fueron víctimas de un sistema en el que existió el error humano.

Errores judiciales, “haberlos haylos”. Se demuestra con todo esto y con muchas otras cosas más que la Justicia no es infalible. Un juez, por más prestigioso que sea, es un ser humano, eso sí, con toga, que cometerá borrones judiciales. Los jueces también se equivocan y un juez mal informado, emitirá un fallo desacertado.

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