“Eufemismos y bombas de racimo”

Mediaset I Sol Macaluso
Mediaset I Sol Macaluso

Creo que en la descarnada invasión de Ucrania es necesario mirar directamente a China como actor protagonista que puede parar esto. Los responsables directos son Rusia y EEUU. Con Rusia como principal agresor y Ucrania como víctima que se defiende heroicamente. Los secundarios: los países miembros de la UE y parte de los que conforman la OTAN. Sun Tzu ya indicaba hace siglos que: “Someter al enemigo sin necesidad de librar combate es la suprema habilidad” siendo esa “la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”. Es evidente que Putin no va a ganar esta guerra. Podrá conquistar Ucrania y poner un gobierno títere como en Bielorrusia, pero no ganará esta guerra.

En este artículo me gustaría fijar la mirada, y la reflexión, en la función del discurso político como elemento sincrético que disfraza la barbarie bajo sedosos eufemismos. Manipulación.

Para comenzar debemos ser conscientes del papel de la prensa y muy especialmente de la diferencia entre información y comunicación. La información se centra en la búsqueda de contenidos proyectados con la máxima objetividad posible en la sociedad, mientras que la comunicación presenta un sesgo identificativo referido a la promoción de los intereses que defiende quien comunica o es responsable del origen de dicho proceso comunicador. Lo podemos comprobar claramente en la guerra de Ucrania y en cualquiera que haya tenido lugar a lo largo de la historia. Los ejércitos comunican, no informan. Intentan corroborar el aforismo de Sun Tzu reconduciendo la guerra que previamente destrozó la misma máxima. Objetivo: ganar la guerra con el menor coste posible una vez iniciada. Desde la antigüedad estrategas militares, como Gengis Khan, el ya citado Sun Tzu o Clausewitz, señalaron la superioridad de los procedimientos psicológicos para asegurar victorias militares a menor coste.

Es fundamental crear, mantener e implementar estados de opinión concretos y dirigidos a un público previamente definido bajo parámetros estandarizados.

Vamos a hacernos algunas preguntas para que comprobemos hasta qué punto nos están conduciendo a los marcos de debates establecidos, incluso antes del comienzo de la invasión.

¿Quién es el responsable de la guerra? Tarden un instante en responder. ¿Rusia? ¿Ucrania? ¿EEUU? ¿UE? ¿OTAN? ¿Putin? ¿Biden? ¿Zelenski? ¿Von der Leyen? El refranero español nos puede dar alguna pista: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.

¿Hay buenos y malos? o, dicho de otra forma, ¿ambos bandos están respetando unos mínimos preceptos de respeto a los Derechos Humanos? Daré un dato del verano de 2016 para que se reflexione cómo se puede estar ahora:

“Tanto las autoridades gubernamentales ucranianas como los separatistas apoyados por Rusia en el este de Ucrania están sometiendo a civiles a detención arbitraria y prolongada, y a veces secreta, y los están torturando”.

Así lo afirmaban Amnistía Internacional y Human Rights Watch en un informe conjunto que publicaron en julio de ese año. Si bien es cierto que Zelenski no llega al poder hasta 2019.

¿Cuál es el por qué de esta guerra? ¿Putin es un genocida descerebrado? ¿Zelenski es un “nazi drogadicto” siendo judío? ¿Es por geoestrategia? ¿Por recursos naturales? ¿Para evitar que Ucrania entre en la UE o en la OTAN? ¿Por…? Respiren profundamente y no se dejen engañar. Todas las guerras encierran una componente fuertemente económica. Debemos plantearnos cómo está afectando y afectará económicamente esta guerra a los participantes directa o indirectamente implicados en ella. Casi sin temor a equivocarme puedo decir que Rusia, por supuesto Ucrania, y la UE serán los que peor parados saldrán. ¿A quién “beneficia” económicamente esta guerra? Respóndanse y el tiempo confirmará o no.

El discurso político dará respuestas a estas preguntas y creará las cuestiones oportunas para sus fines, cuando sea necesario, junto con las pertinentes aclaraciones.

Sabremos cuándo hemos llegado al momento álgido de la instrumentalización de las comunicaciones cuando los mensajes de militares y políticos se retroalimenten usando a los medios de comunicación como altavoces que escupan frases cortas, descriptivas, estereotipadas, en estilo impersonal que capten la atención del público receptor, ecetera, a la vez que saturen los medios repitiendo los mismos mensajes, que normalmente incluyen falsas informaciones o medias verdades elaboradas para dominar el centro del tablero de operaciones psicológicas de censura o propaganda inscritas dentro de la propia táctica militar. Y cuando estalla una guerra todos somos contendientes, unos pasivos y otros activos, muy activos. Entre los últimos los políticos son los que más, casi al mismo nivel que los militares.

Hay que legitimar a toda costa las causas propias y a la par deslegitimar al enemigo. Cuando se ha llegado a este escenario y el agresor no ha conseguido sus objetivos la violencia exacerbada y el terror hacen su aparición. Mucho me temo que esto esté ya ocurriendo en Ucrania.

Recordemos que, durante la Primera Guerra Mundial, Inglaterra advirtió la necesidad de profesionalizar la comunicación militar y creó el primer ministerio de la información junto con el departamento de la propaganda. Hoy se ha evolucionado y la política nos podría contar demasiadas cosas.

Hemos llegado a un punto en el que debo definir eufemismo:

“Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

El uso del lenguaje en la guerra constituye un arma en sí mismo. Veamos unos ejemplos:

Durante la guerra del Vietnam la prensa norteamericana, bien adoctrinada por quien correspondía, adoptó el término “collateral damage” (daño colateral) para referirse a las víctimas y daños causados a personas por un ataque cuyo fin, real o aparente, era otro. Es decir, víctimas civiles. De aquí derivó tiempo después lo de “fuego amigo” cuando se causaba algún mal a personas del mismo entorno del que provenía la agresión. Con estos ejemplos vemos como se despersonaliza tanto a las víctimas inocentes como a los responsables de estas felonías.

Para Vladimir Putin la invasión de Ucrania es una “operación militar especial” para el “mantenimiento de la paz”.

Personalmente creo que Europa se está equivocando al utilizar el lenguaje político siguiendo parámetros tradicionales, donde el objetivo es un cierto “adorno” de los mensajes con la finalidad de dotar de un mayor contenido funcional a la acción política. Se está menospreciando la gran fortaleza que confiere a cualquier crisis decir la verdad. Transparencia y claridad. Simplicidad y concisión. La “nueva normalidad” de la era, casi, post COVID nos ha traído una vieja monstruosidad.

Veamos que podemos solicitar a los gobiernos en la búsqueda de esa verdad:

- ¿El envío de armas al pueblo ucraniano es con la intencionalidad de convertir esta guerra en el “Afganistán de Putin”? Dada las características del armamento enviado y de la falta de contundencia de la OTAN en las medidas disuasorias (como rechazar la petición Zelenski de crear una zona de exclusión aérea en Ucrania, he de reconocer que, si se aceptara esta petición sí que estaríamos al borde de una III GM, por lo que deduzco que lo que hay tras ella es la petición de aviones para el ejército ucraniano).

- El primer corredor humanitario creado en Ucrania ¿deriva de la buena voluntad de Rusia, siendo causa de optimismo? La realidad es que, aunque se salvarán vidas humanas, lo que hay tras esta “benevolente” concesión rusa es tener menos potenciales guerrilleros en las ciudades que van a ocupar, reducir las imágenes de víctimas civiles (que tanto están retratando a Putin) y minimizar la destrucción de ciudades que en breve van a gestionar.

- ¿Cómo de larga se prevé que sea esta guerra? Nadie se atreve a decir cuánto durará, y más allá de lo evidente está lo transcendente ¿estamos los europeos preparados para conocer la respuesta?

- ¿La invasión de Ucrania es un “cisne negro” para Europa o el paradigma de un pasado que nunca se fue?

No me gustaría despedirme sin volver a recordar el artículo 51 del capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas:

“Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.”

Y plantear una última pregunta: un pueblo que está siendo invadido, agredido y masacrado y que pide ayuda en forma de armamento militar, ¿debe ser apoyado en la forma que solicita? (sin dejar las vías diplomáticas y las sanciones económicas).

“El fin de la guerra, junto a su no extensión, pasa por Sun Tzu 20.22, China.” Soul Etspes

           

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