Nací en Bilbao, por la gracia de Dios y por ello soy vizcaíno

María Pozo
María Pozo

Mi lengua materna fue el vascuence, vizcaíno por parte de la familia de mi madre y el castellano (ahora hay que llamarlo español), por parte de padre, aunque en mi casa prácticamente solo se hablaba la lengua española, y en mi entorno casi todos hablaban español, cuando yo era pequeño, allá por los años 70 del siglo pasado los que hablaban vascuence, (el euskera batua aún no se había inventado), era la gente de aldea de fuera de las ciudades, la mayoría lo chapurreábamos o sencillamente conocíamos unas cuantas frases que empleábamos con gusto o envidia porque no sabíamos hablar el vascuence, en mi caso vizcaíno.

Luego inventaron y llegó ese engendro del "euskera batua" que prácticamente se ha cargado esa antigua y preciosísima lengua.

Yo me siento tremendamente orgulloso de ser vasco y de chapurrear el poco euskera que se, siempre que tengo ocasión; o sea, cuando estoy con vascongados (por dios como me gusta esta palabra), y sé que me van a entender, me encanta decir "agur" al despedirme y "egun on" por la mañana, "gabon" cuando me voy a dormir", "on egin" antes de comer, así como un "eskerrik asko" cuando estoy agradecido y si quiero que me des un beso, te pido un "muxu", mi madre es "ama" y mi padre es "aita" y mis abuelos eran "aitite" y "amama".

El vascuence (euskera) es una lengua en la que la traducción de muchísimas palabras es sencillamente preciosa, os pongo unos pocos ejemplos:

Parir es “erditu” y su traducción podría ser "dividirse en dos".

Este es “ekialde”, traducido "el lado del sol"

Corazón es “bihotza”, algo así como "dos sonidos"

Luna es “Ilargia”, sería "la luz de los muertos"

Una que me gusta mucho es gratis que es “muxutruk” que se interpretaría como "cambio por un beso"

Y por último para no aburriros discutir se dice “eztabaida” que sería "acción entre el SI y el NO".

Y miles más, pero como ya he dicho, no quiero aburriros.

Si yo supiera euskera, jamás se me ocurriría dirigirme en esa lengua con murcianos, gallegos, castellanos o de cualquier otra región de España, primero porque sería una ridícula falta de educación y segundo una falta de sentido común en cuanto a que no me iban a entender.

Eso es lo que falta en esto de las lenguas: sentido común, porque el sentido común se pierde cuando las ideologías se entrometen y empiezan a utilizar las cuestiones lingüísticas como arma política para dividir a las personas y establecer “hechos diferenciales” que consisten, básicamente, en exaltar las bondades de tu historia, tu cultura y tu lengua para despreciar al vecino y ahondar en lo que nos separa.

Nosotros aquí bebemos “txakoli” y “patxaran” y, jugamos al mus, arrastramos y levantamos piedras y cortamos troncos a hachazos, en cambio, a los vecinos, esos bárbaros del sur, les gusta el vino (a mí también) y juegan a la petanca… ¡Qué distintos somos! ¡Dios nos libre de nuestros vecinos!

Así razonan los fanáticos nacionalistas, sean asturianos, vascos, catalanes o uzbecos. Separar, dividir, insultar, manipular la historia…, como si amar tu tierra y tu lengua fuera incompatible con el amor al resto de las lenguas y culturas de las tierras de España.

Yo amo a las Vascongadas y al vascuence (aunque lo llamen euskera), porque esta es mi tierra y esta es la lengua que hablaban mis antepasados, pero amo con la misma pasión a España y a todo lo español, amo la Hispanidad, amo las Españas del viejo y nuevo continente y por ello amo la lengua de Cervantes, Góngora, Quevedo, Calderón de la Barca y tantos y tantos más.

Mi mejor forma de ser español es ser profundamente Vasco, es más, los vascos durante siglos hemos dado a España tanta o más gloria que cualquier otra región, sacerdotes, marinos, descubridores, militares, científicos, literatos, etc., y todos ellos supieron compaginar y enorgullecerse de ser vascos y españoles, es más los vizcaínos éramos hijosdalgos por el mero hecho de ser nativos de esa región, los que nos visitaban se extrañaban que en estas tierras hasta los carniceros llevaran espada, y hablando de espadas nuestros soldados de los Tercios, entre los que había muchísimos vascongados (segundos y terceros hijos, que no heredaban), defendiendo España y la verdadera religión, llevaban una espada corta que se llamaba "vizcaína", pues había sido forjada con duro acero vizcaíno y era temida por los herejes.

Porque ser español es mucho más que tener un pasaporte. España es mucho más que sus territorios peninsulares, insulares y norteafricanos; mucho más que sus casi cincuenta millones de habitantes.

España es el Cantar de Mío Cid, ser español es recordar a doña Jimena en el monasterio de San Pedro de Cardeña, defender el honor de doña Elvira y doña Sol contra los traidores y cobardes infantes de Carrión y combatir junto a Minaya Alvar Fáñez y Martín Antolínez, el burgalés de pro.

España es Gonzalo de Berceo y sus milagros de nuestra señora y el monasterio de San Millán de la Cogolla y el de Santo Domingo de Silos; ser español es cortejar con el marqués de Santillana a aquella “moza tan fermosa” que era “la vaquera de la Finojosa”, o incluso ir en busca de amores con el arcipreste de Hita y la vieja trotaconventos.

Ser español es mirarle a la cara sin miedo a la muerte, como Jorge Manrique, con el aplomo y la resignación cristiana del maestre don Rodrigo, “porque querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura”.

Pero ser español también es compartir y disfrutar de un vaso de buen vino con la vieja Celestina y sus pupilas en una tasca de mala reputación.

España son las églogas de Garcilaso de la Vega y su soneto XXIII, el Cántico espiritual de Juan de la Cruz y las andanzas y miserias de Lázaro de Tormes, las Cántigas de Alfonso X.... España es la oda a la vida retirada de fray Luís de León, la azarosa vida de nuestro ilustre patrón san Ignacio de Loyola y como no la vida del Buscón de Quevedo.

España son las soledades de Góngora y es cabalgar con don Quijote y Sancho Panza para ‘desfacer’ entuertos y combatir malandrines y encantadores. Español es Peribáñez y Fuenteovejuna y Olmedo (“que de noche lo mataron al caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo”). España es Segismundo (“¡Ay mísero de mí, ay infelice!”) y el burlador de Sevilla y el Estudiante de Salamanca y el don Juan de Zorrilla.

España es Cadalso, Feijoo y Jovellanos. España son las rimas de Bécquer y las orillas del Sar de Rosalía y el don Juan Tenorio de Zorrilla. España es un canto a la libertad como la canción del pirata de Espronceda y es el dolor de Larra. España es la Benina de Galdós y la Ana Ozores de Clarín y la Pepita Jiménez de Valera.

España es la agonía de mi paisano D. Miguel de Unamuno, la elegancia refinada de la princesa triste de la Sonatina de Rubén Darío y el sufrimiento y el espanto de Lo Fatal. España es el esperpento de Max Estrella y Valle-Inclán y son los Campos de Castilla de Antonio Machado. España es Andrés Hurtado y Zalacaín el aventurero. España es la San Sebastián de Edad Prohibida de Torcuato Luca de Tena y la Asturias de Armando Palacio Valdés y su Aldea Perdida. España es el Macondo de los Cien años de soledad de Márquez y es La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa.

España es también el México de Carlos Fuertes y la Cuba de José Martí y es el Chile de Pablo Neruda y la Nicaragua de Rubén Darío. España es la osada valentía de nuestros Últimos de Filipinas.

España es la pampa del gaucho Martín Fierro y es el inca Garcilaso de la Vega y es un poema de amor de sor Juan Inés de la Cruz y es el Facundo de Domingo Sarmiento. España es la Comala de Pedro Páramo y es el nuevo mundo de Bernal Díaz del Castillo. España es un cuento de Borges o un relato de Cortázar.

España es un retrato de Velázquez, una pesadilla de Goya en su Quinta del Sordo y un arlequín de Picasso o la bendita locura de una mujer asomada a una ventana contemplada por Dalí y como no también un mural colorista de Miró.

España es la inmensidad inacabada de Gaudí y Tapies y Antonio López; es churrigueresco y herreriano, románico y gótico.

España es el Museo del Prado y el Gugenheim, la catedral de Burgos y la de Zamora y la de León y la de Oviedo y la de Toledo, y la de Palma de Mallorca y la de Palencia y la de Córdoba y la de Murcia, la alhambra de Granada o la mezquita de Córdoba…

España tiene ritmo de pasodoble y de ranchera, de merengue y salsa, de melancólica muñeira, inquieta jota y alegre sevillana. España es una pausada sardana y un rítmico chotis, y como no un orgulloso aurresku vasco, y tantos signos de cultura compartida durante siglos, que ahora algunos pretender ignorar y destrozar.

España suena a gaita gallega o asturiana, a guitarra andaluza, a castañuela, txistu y tamboril, y más lejos pero muy cerca al alegre mariachi mexicano y a la encantadora música andina, los melancólicos tangos argentinos..., cuanta riqueza junta.

España es entre otros muchos compositores Albéniz, Gayarre, Granados. mi paisano Sarasate, Falla, los catalanes Mompou y Moltsalvatge y el fallecido en este siglo y más cercano Joaquín Rodrigo.

España es La Colmena de Cela y Cinco noches con Mario de Miguel Delibes; es Lauro Olmo y la Historia de una escalera de Buero Vallejo. España es la poesía de Miguel Hernández y Celaya. España es Lorca, Aleixandre y Dámaso Alonso. España es la Razón de amor de Salina y el Ciprés de Silos de Gerardo Diego y la Meseta de Guillén.

España es la plaza Mayor y la universidad de Salamanca y la plaza del Obradoiro y el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela y la Sagrada Familia de Barcelona. España es Segovia y su acueducto romano y Ávila y sus murallas. España es el monasterio del Escorial y la imaginería de Salzillo y de Gregorio Fernández y de Alonso Cano. España es Chillida y Gargallo, la luz de Sorolla y un paisaje vascongado de Zuloaga.

España es el verde montañoso del norte, el amarillo seco del centro y la diversidad de colores del sur.

Español de España, español de América, español universal. España es su historia, sus lenguas, su literatura, su arte, sus acentos variados, su mestizaje y su fe, ser español es un modo de crecer, una manera de entender el mundo, una forma de rezar, de disfrutar, de sufrir y muchísimas veces y en los cinco continentes hasta es una forma de morir.

Por eso los que odian y temen a España lo primero que hacen es prohibir la enseñanza del español en las escuelas y negar a unos pobres chiquillos la grandeza del segundo idioma más hablado del mundo, la grandeza de siglos de historia, la grandeza de una cultura sin igual.

Lo siento si mi publicación os ha aburrido, pero me apetecía recordar todo esto que por desgracia rápidamente lo olvidamos.

Un "muxu" (Un beso)

 

 

 

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