Entre la tradición y las críticas, el director general de Deportes responde
El presidente de la Ciudad, Juan Vivas, acompañado por el consejero de Deporte, Nicola Cecchi, y la gerente del ICD, Araceli García, fue el encargado de cortar la cinta y dar el pistoletazo de salida a la 48ª edición de la San Silvestre y la 20ª San Silvestre Baby, celebradas el domingo 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes.
Más de 600 corredores participaron en una prueba que superó ampliamente las 500 plazas previstas, con un recorrido de unos cuatro kilómetros por el centro de la ciudad, con salida y meta en la Plaza de África. Los infantiles salieron una hora antes, con distancia adaptada a sus categorías. Todos los participantes recibieron medalla finisher, y hubo premios para los tres primeros clasificados y un reconocimiento al motivo navideño más original.
El cambio de fecha no ha pasado desapercibido. J. Antonio expresó su crítica en redes sociales cuestionando la decisión de adelantar la carrera:
“Viviendo en una Ciudad en la que presumimos de mantener todas las tradiciones, no llego a comprender cómo se puede cambiar la fecha de una prueba deportiva que su propio nombre indica cuando ha de celebrarse”.
También añadió:
“Muy fácil, si la haces el 31, la mayoría están de tardeo y no la hacen”.
Otros comentarios como el de Josema defendieron mantener la fecha original:
“Qué llegó primero, el tardeo o la prueba. Todo son excusas para destrozar tradiciones”.
Pero la guinda la puso el director general de Deportes, Sergio Aguilera, le respondió públicamente con una reflexión donde defiende que la tradición también puede actualizarse sin perder su esencia. Aguilera responde con una opinión que, reconoce, puede ser equivocada para muchos:
“La San Silvestre siempre ha sido el 31. Es cierto. Pero la tradición, en algunas ocasiones, no es repetir y mantener sin pensar ni adaptarse a los tiempos. Es mantener el espíritu y adaptarlo a la realidad de cada momento y de cada ciudad. Cambiar el día no elimina la tradición. La mantiene viva, permitiendo que participe más gente y que el evento crezca”.
Aguilera argumenta que en ciudades pequeñas como Ceuta, adelantar la fecha mejora la seguridad, la organización y permite una mayor participación sin tensionar los servicios. Recuerda que otras muchas localidades han hecho lo mismo sin perder su identidad, e incluso reforzando el evento:
“El objetivo no es cambiar por cambiar. Es proteger lo importante: participación, seguridad y espíritu deportivo. Adelantar la San Silvestre no es romper con el pasado. Es cuidarlo para que siga teniendo futuro”.
Y concluye:
“En mi humilde opinión, la tradición no se abandona. Solo se actualiza y se adapta a las demandas y los cambios sociales. Abrazo enorme”.