Diagnóstico tardío y estigma, los dos frentes que mantiene abiertos el VIH en Ceuta

El VIH no ha desaparecido. Cada 1 de diciembre, el Día Mundial del Sida recuerda que la batalla sigue abierta. El doctor Julián Domínguez, jefe del servicio de Medicina Preventiva, Salud Pública y Prevención de Riesgos Laborales del HUCE, lanza un aviso:

“Sin diagnóstico precoz, sin acceso al tratamiento y sin romper el estigma, no se va a erradicar”.

España roza el objetivo 95-95-95 de ONUSIDA, pero no llega. Domínguez asegura:

“Más del 92 % está diagnosticado, el 96 % en tratamiento y un 90 % tiene carga viral suprimida”.

Aun así, casi la mitad de los nuevos casos llegan tarde, con el sistema inmunológico dañado y el virus transmitido sin saberlo. El miedo, la desinformación y la falsa idea de que eso solo le pasa a otros siguen frenando las pruebas.

En los centros de salud, la falta de tiempo, el olvido de los protocolos y la escasa oferta de test hacen el resto. El estigma sigue siendo uno de los grandes obstáculos:

“Afecta a personas trans, trabajadoras sexuales, hombres que tienen sexo con hombres, inmigrantes y usuarios de drogas. Y no solo fuera, también en consultas, salas de espera o incluso entre profesionales”.

Frente a eso, hay herramientas que funcionan. La profilaxis preexposición (PrEP), ya sea diaria o a demanda, ha demostrado ser eficaz. También se investiga con nuevas fórmulas inyectables de larga duración. El principio que rige hoy muchos discursos es claro: indetectable es igual a intransmisible. Una persona en tratamiento no transmite el virus por vía sexual.

La vía heterosexual también representa una parte importante de los nuevos diagnósticos. La asociada a drogas inyectadas ha bajado, pero aparecen nuevas formas de transmisión vinculadas al uso de apps de contacto o a la movilidad internacional.

La educación sexual sigue siendo la gran olvidada. Sin formación seria, sin información veraz, sin respeto a la diversidad, no hay forma de prevenir ni cuidar la salud sexual.

El HUCE intenta adelantarse con detección en urgencias, derivación rápida, equipos formados y coordinación con Atención Primaria y Salud Pública. El reto, insiste Domínguez, es frenar los diagnósticos tardíos y tumbar el estigma institucional.

A pesar de todo, hay razones para el optimismo. Menos muertes, menos infecciones y tratamientos eficaces. El objetivo de cero muertes por sida en 2030 es real, pero solo si hay recursos, derechos y compromiso.

El VIH se combate con tratamiento, información y empatía. Pero sin compromiso, ni eso basta, concluye Domínguez.