Soy musulmán y voy a votar a Vox

La insistencia en etiquetar como islamófobo a Vox a través de la propaganda, lleva a cada vez más personas a cuestionarse si es cierto que el partido de Abascal es contrario al islam o ésta es otra burda manipulación a la que en los últimos tiempos se acostumbra en política y en el mal periodismo.

Indagando en su programa y su dialéctica, aparece el cierre de mezquitas extremistas, salafistas y wahabistas. Esto lejos de ir contra el islam, resulta más bien lo contrario. Los musulmanes que se han integrado en Europa aceptando los valores democráticos de ésta, padecen las ramas más radicales de quienes enturbian la imagen de la religión islámica. En la propia Ceuta, se dan imposiciones de vestimenta y presiones sociales a quien no rige su vida por determinados preceptos impregnados de fundamentalismo. En nuestra ciudad, el concepto de libertad, se va mimetizando con el de sumisión sin que los poderes públicos se atrevan a poner el freno.

El cierre de las salas de rezo ilegales resulta indispensable para erradicar las ramas del islam con las que no desean relacionarse los fieles que defienden la paz. Quienes lejos de enfrentar esta realidad, la obvian, fomentan los viajes a Siria y las detenciones por yihadismo, provocando dolor en familias quebradas y estigmatización mediática por la impregna del terrorismo. En contraposición, las mezquitas reguladas como Muley el Mehdi o Sidi Embarek, velan por el derecho a la religiosidad de la población musulmana con mensajes cabales y una interpretación conveniente del Corán.

La marroquinización de la ciudad es otro hecho innegable que perjudica a los musulmanes plenamente integrados en la sociedad española. La existencia de barriadas con formas más propias de Marruecos que de una nación occidental, reproduce la mencionada presión social y hacen que la ciudad pierda la identidad del país soberano en el que los ciudadanos pretenden desarrollar su vida. Conceder puestos en el Plan de Empleo a marroquíes en detrimento de españoles, es otra práctica instaurada que reproduce el entreguismo hacia el vecino y la desconsideración con los ceutíes. Otros aspectos como la escolarización de menores disruptivos que desconocen el castellano, desploman el nivel educativo y la calidad de enseñanza recibida por todo el alumnado. Urge una campaña de españolización y de castellanización, empezando por los más pequeños y sin olvidar a los adultos.

En cuanto a inseguridad, todos los ceutíes padecen la generada especialmente por los MENA. También los turistas marroquíes, sufriendo agresiones, robos, intimidaciones y en el caso más extremo hasta una muerte. El registro de delincuencia de los últimos años, requiere un cambio en la política de seguridad que sólo Vox parece tener la voluntad de llevar a cabo.

A nivel partidista, sólo Vox se ha comprometido a luchar contra la lacra fundamentalista que ensucia el nombre del islam. Caballas y MDyC, los partidos que se autoproclaman defensores del musulmán, callan conscientes de que hay extremistas entre su electorado, en una complicidad tan denigrante como peligrosa. El resto de partidos como PP o PSOE, huyen de este tipo de asuntos espinosos dejando a la luz su buenismo suicida.

En la segunda visita a Ceuta de Javier Ortega Smith, se hizo un llamamiento a los españoles, independientemente de su raza o religión. Este partido honra a los soldados que defienden la bandera rojigualda en misiones en el extranjero, sean musulmanes o cristianos. Porque sentirse español es un deber, tanto como proteger a Ceuta de la deriva a la que está sometida.

La ciudad necesita más sentido común que nunca. Cada vez hay más personas que aunque no lo digan en público por temor a la inquina social, no se dejan engañar por los clichés y siendo musulmanes, aunque algunos se rasguen las vestiduras, también van a votar a Vox.