Migración: la pobreza no se corrige en el corto plazo

Wuppertal (Alemania). Un español en Alemania 116

Para los expertos la precarización de las condiciones laborales, económicas y sociales de los migrantes españoles en Alemania es el resultado de un problema estructural. En esa línea, la investigadora de la Universidad de Colonia.

Es muy difícil que los migrantes españoles en Alemania en los primeros cinco años puedan, como se dice, estar súper bien. El fenómeno de la inmigración en Alemania ha puesto en la palestra las escasas posibilidades de vivienda y empleo de los sectores de la comunidad recién llegada. Una alta proporción de los trabajadores y trabajadoras migrantes sobrevive en la economía informal o en condiciones laborales irregulares. Un muro invisible que, al problema de los permisos, tramitación de visas, se suma la discriminación y la xenofobia, especialmente sobre la población del Sur de Europa, lo que ayuda a continuar con similares condiciones de pobreza, tal como en su territorio de origen.

Nacer y crecer en un lugar pobre es un castigo que sigue a la persona a lo largo de su vida y no se corrige con la emigración. Las condiciones de miseria, vulnerabilidad y falta de oportunidades en el territorio de origen, acompañan a los migrantes al menos por un par de generaciones. La directora ejecutiva de la Universidad de Colonia analizó este precepto: La recién llegada, necesariamente, está en peores condiciones, pero con un mejor nivel de incorporación, por ejemplo, los hijos al sistema educativo, acceso a capacitación, formación para el trabajo, etcétera, podrían contribuir a revertir el problema, porque tiene que ver con dificultades de origen que no se mueven con el cambio de residencia.

La directora agregó que, por ejemplo, las personas de origen español migran por razones económicas, aspecto que es más difícil de corregir. Tomando en cuenta también que ellos se desempeñan en condiciones irregulares y en labores que los alemanes ya no hacen. Precisó que, a diferencia de los italianos, estos tienen más posibilidad de movilidad, por el mayor capital cultural que traen, pero tienen que bregar con la criticas de competencia de los alemanes, quienes argumentan que ellos vienen a quitarnos el trabajo.

Para la doctora en sociología e investigadora de la Universidad de Wuppertal, la emigración puede que signifique superar situaciones de pobreza, incluso para la familia de la persona migrante que se queda en el país natal y que, a través de remesas, mejora en parte su condición de vida.

“Es muy difícil que los migrantes en los primeros cinco años puedan, como se dice, estar súper bien. Uno espera que se vaya produciendo un proceso de inserción, pero si no se produce, no es el migrante el que está mal, sino que es la sociedad de destino la que no ha logrado ofrecer un mínimo de oportunidades para que las personas puedan desarrollarse”, argumentó.

Para la socióloga y académica, lo que ocurre hoy con los inmigrantes en nuestro país es una suerte de nueva esclavitud.

Donde existe una mano de obra disponible a causa de la necesidad de la gente para poder sobrevivir. Argumento que es un aspecto similar, especialmente en españoles, mujeres y hombres que se desempeñan en regiones agrícolas, donde existen condiciones miserables similares a tiempos de la colonia.

Por eso, el territorio de origen no lo es todo, de hecho, hay elementos adscritos que pesan mucho: ser moreno con pelo negro o pobre, venga del territorio que venga. Factores que juegan un rol fundamental para una experiencia migratoria difícil.

Para el doctor en Sociología e investigador de Wuppertal, existe una doble discriminación: la racial y la intercultural.

“Hay una construcción histórica que tiene que ver cómo las élites, quienes han ido elaborando un discurso propio del colonialismo, lo blanco europeo es superior y lo moreno es inferior, que ha logrado permear al interior de la sociedad. Sin embargo, lo que pasa hoy no es pura discriminación, existen sectores populares, laborales, donde también hay acogida, solidaridad con el migrante, de alguna manera con el que se comparte precariedad, por eso la experiencia migratoria es bien diversa, uno no tiene que meter todo en el mismo saco, también tiene estas dos partes”, subrayó.

La directora agregó que Alemania pasa por un momento de tensión frente al tema migratorio, de ciertas resistencias y miedos, que tienen que ver con la visión colonialista, pero también de acogida. Sin embargo, aseveró que, con el tiempo, esto pasa a formar parte de la diversidad cultural nacional, configurando una sociedad de identidad más cosmopolita y de respeto. El investigador de Wuppertal advirtió, finalmente, sobre el fortalecimiento de los discursos políticos xenófobos, referidos a la identidad alemana que se debe proteger y que pueden minar el camino para que se supere el momento de dureza frete al tema, que hoy vive la nación.


Los empleos precarios de Alemania, víctimas colaterales de la crisis sanitaria


“¿Acaso alguien se preocupa por nosotros, los trabajadores pobres emigrantes?”, pregunta Hernández . Desde que perdió el empleo hace unos meses en el contexto de la crisis sanitaria, esta mujer de 35 años de origen español vive en una extrema pobreza. Su trabajo como repartidora de Amazon era un “miniempleo”, uno de esos contratos a tiempo parcial con un tope de 450 euros al mes que se han multiplicado en Alemania en los últimos meses. Como está exento de cotizaciones sociales, Hernández no tiene derecho a cobrar una prestación por desempleo. A sus 35 años, esta madre de un hijo depende de la ayuda de los vecinos y un pequeño subsidio ayuda social.

Las personas con “miniempleos” son “los grandes perdedores de la crisis sanitaria” provocada por la pandemia de covid-19 en Alemania, informa el instituto económico de referencia DIW. La precariedad de estos contratos a tiempo parcial, muy criticada, se ha notado mucho desde hace un año. “Mantengo la cabeza alta y lucho por mantenerme en pie”, asegura Hernández, que espera conseguir otro “miniempleo” en Singen, en Wuppertal Alemania, donde vive. Las ofertas para este tipo de trabajos, desempeñados en un 60% por mujeres, escasean. Más de 870.000 miniempleos desaparecieron en Alemania durante el año pasado.


Bomba de relojería


La hostelería y los restaurantes son los sectores más afectados debido a las restricciones sanitarias. Pedro, un cocinero de 67 años, ha visto como su horario de trabajo en un establecimiento de Remscheid (Alemania) se ha reducido al mínimo.
A pesar de que los restaurantes están cerrados desde noviembre, la mujer para la que trabaja le mantiene cinco horas mensuales para evitar despedirlo.

Después de 47 años trabajando, él había aceptado a regañadientes este trabajo mal pagado. “A mi edad, hubiera preferido ocuparme tranquilamente de mi jardín, pero con una jubilación de 1.000 euros, no tenía elección”, afirma. Casi una cuarta parte de los “miniempleos” recaen en personas de 40 años o más. El 91% no ha cursado estudios superiores.


“Miserables”


“Los miniempleos no son una buena solución a medio y largo plazo porque corren el riesgo de empobrecer a los emigrantes” por no haber cotizado lo suficiente, explica a la AFP Karin Schulze Buschoff del instituto alemán de ciencias económicas y sociales (WSI). Ella aboga por una reforma que haga menos atractivos estos contratos, bajando por ejemplo el tope de remuneración. “Ya sabíamos antes de la crisis que las condiciones laborales de estos miniempleos eran con frecuencia miserables y que nadie puede vivir de estos salarios”, explica a la AFP Sabine Zimmermann, portavoz de su grupo parlamentario para temas de mercado laboral.