Mamandurrias pirodrónicas

Llevo tiempo pensando que lo de las celebraciones en Ceuta necesita una revisión seria. No por capricho, ni por moda, sino porque la realidad se impone: hay mucha gente que lo pasa mal con los fuegos artificiales. Personas con autismo, mayores, bebés, animales… y nosotros lo sabemos bien, porque también tenemos gato.

Cuando vi que el Gobierno aceptaba “estudiar alternativas” tras el apoyo unánime a las propuestas de MDyC y PSOE, con el beneplácito de Ceuta Ya!, me pareció una oportunidad. Pero cuando oí que ponían como ejemplo el espectáculo de drones como en Navidad, lo tuve claro: no hemos entendido nada. Aquello no fue un espectáculo, ni fue referente, ni fue nada. Un quiero y no puedo. Y lo que es peor: nos lo quieren vender como gesto de inclusión.

Y puestos a hablar de gestos, conviene fijarse en el voto de Vox. Sorprende, porque uno esperaría una posición firme en defensa de las tradiciones ruidosas y del espectáculo clásico de su reconquista. Pero no. Trago discreto, sin ruido, quizá para evitar quedar como los únicos en contra del nuevo consenso emocional.

El PP, por su parte, ha optado por una solución salomónica de manual: votar a favor, decir que estudiará alternativas y, con suerte, archivar la propuesta en algún cajón del Ayuntamiento junto a otras muchas. Y si hay que tirar de ejemplo, siempre queda el 'show' de drones, que sirve para salir del paso aunque no convenza ni a los técnicos ni al público.

Yo también quiero celebraciones inclusivas. Pero no se consigue a base de improvisación ni de posturas para la galería. Hay fuegos artificiales silenciosos. Hay tecnología. Hay alternativas. Solo falta que alguien se moleste en buscar y entenderlas, que para eso cobran dinero público.

Lo que no se puede hacer es hablar de inclusión mientras seguimos callando otras prácticas igual de agresivas, solo porque son parte del decorado tradicional. Ni obviar que la batalla naval, tan nuestra, también deja huella en el agua, en el fondo marino y en el aire. Medio Ambiente debería haber entrado en este debate desde el minuto uno. Y quienes impulsaron las propuestas, también: no basta con señalar un problema si vas a ignorar el resto.

Esto no va de drones versus fuegos. Va de sentido común. De tener claro que no todo vale por un aplauso fácil. Si vamos a cambiar las tradiciones de las fiestas, hagámoslo bien. Si no, dejemos de hacer ruido —literal y figurado—. Porque si no hay voluntad, lo que queda es humo. Y a veces, ni eso: humo sin luz.

Y no es por señalar a nadie, pero cuando las iniciativas nacen desde dentro del propio Gobierno —con sus socios bien alineados— y se defienden con tanto entusiasmo como falta de precisión, uno no sabe si se trata de una apuesta real o de otra maniobra más para cumplir con el expediente. Que cada cual saque sus conclusiones.