El crematorio es un compromiso firme
Hoy me siento en la obligación moral y personal de escribir estas líneas para aclarar una realidad que algunos intentan empañar con intereses partidistas ajenos al verdadero problema que nos ocupa. Los ciudadanos merecen conocer la verdad: una verdad que no nace de la confrontación ni de la búsqueda de titulares, sino de la responsabilidad, el compromiso, la empatía y el respeto hacia una demanda legítima y profundamente humana.
Quiero dejar algo claro desde el principio: no soy insensible a esta realidad. Comprendo el dolor que supone despedirse de un ser querido y sé que, para muchas familias, sus mascotas forman parte de ese núcleo afectivo irremplazable. Entiendo perfectamente la necesidad de contar con un crematorio de mascotas que permita ofrecer un adiós digno a quienes nos brindaron años de fidelidad y cariño.
Tampoco he permanecido pasiva. La obligación de cualquier responsable público es escuchar a los ciudadanos, atender sus inquietudes y buscar soluciones dentro del marco legal. Cada petición recibida ha sido analizada con seriedad y sensibilidad. Sé que, para una familia en pleno duelo, hablar de plazos administrativos y trámites burocráticos puede sonar frío y distante. Me duele tener que pedir paciencia en un momento tan difícil, pero les aseguro que la complejidad de coordinar distintas áreas competenciales y cumplir con normativas superiores tiene un único objetivo: garantizar que el lugar donde despidan a sus compañeros de vida sea un espacio que reúna todas las garantías de dignidad y respeto legal. Esto no significa que no se vaya a hacer; significa que requiere tiempo, pero se hará con todas las garantías jurídicas e institucionales.
Quiero hablar también, desde el corazón, sobre la manifestación convocada. Empatizo profundamente con las familias que participan en ella, con su dolor y con su deseo de contar con un servicio digno. Jamás criticaré a quien se moviliza por una causa justa; detrás de cada pancarta hay personas y, detrás de ellas, historias de amor profundo hacia un animal que formó parte de un hogar.
Precisamente por el respeto que me merecen esas historias y esos procesos de duelo, me duele ver cómo algunas personas intentan instrumentalizarlos con fines políticos. Lo digo con total sinceridad: no me parece ético jugar con las emociones de la gente para obtener rédito partidista. Hay líneas que nunca deberían cruzarse. En política podemos discrepar y debatir ideas, pero la honestidad debe estar siempre por encima de todo. No todo vale.
Por eso me resulta incomprensible la actitud de la señora López. Me he reunido con ella personalmente en cuatro ocasiones distintas. Cuatro oportunidades en las que pudo trasladarme su preocupación por el crematorio, preguntar, interesarse o proponer soluciones. Y nunca, ni una sola vez, mencionó este asunto. Me apena profundamente que haya preferido el silencio en los despachos y el ruido en la calle, pronunciando mi nombre ante los medios de comunicación, pero guardando silencio cuando me ha tenido delante. Las familias merecen soluciones y trabajo real, no espectáculos políticos.
También he escuchado cuestionamientos sobre si me gustan los animales, intentando construir la imagen de una gestión insensible. Me encantan los animales. He tenido perros, un gato y un conejo. He disfrutado de su compañía y también he sufrido su pérdida. Sé perfectamente qué se siente cuando ese compañero de vida ya no está. Conozco el vacío que deja y el dolor que provoca su ausencia. Nunca he sido indiferente a esta demanda.
Desde el inicio de la legislatura he trabajado junto a los técnicos de la Consejería, que conocen bien el esfuerzo, las horas y la implicación dedicadas a la sanidad animal, para avanzar en este ámbito. No estamos partiendo de cero. Hemos superado las fases más complejas de viabilidad técnica y nos encontramos ya en la recta final de las autorizaciones necesarias para que este proyecto, en el que colaboran de forma intensa distintas áreas de la Administración, sea una realidad muy cercana.
No escribo estas líneas para convencer a nadie, sino para que nadie dude de algo fundamental: detrás del cargo hay una persona que escucha, que comprende el dolor de la pérdida y que lleva tiempo trabajando en una necesidad real en la que también cree.
Siento de corazón la demora que conllevan unos procedimientos legales que son inevitables. Soy la primera interesada en que este servicio esté disponible cuanto antes. Este crematorio no es una promesa para salir del paso; es un compromiso firme con la dignidad de nuestra ciudad y con el respeto que debemos a los animales que nos dieron su amor incondicional. Y les aseguro que lo vamos a tener.