“Legitimar el odio o como el PP se convirtió en Vox”

Tanto Noam Chomsky como Sylvain Timsit han disertado largo y tendido sobre la manipulación mediática, el control de masas y temas similares. Normalmente unidos a un decálogo como eje estructural para desarrollar sus teorías. No voy a hablar de esos puntos. Ni de diferir, ni gradualidad, ni el afán por mantener a la gente en la ignorancia y la mediocridad estimulándonos a la vez para ser complacientes con dicha mediocridad, ni tan siquiera del conocimiento de los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen o del uso del aspecto emocional por encima de la reflexión o del sentido crítico…

No voy a hablar de la libertad de expresión, que siendo un derecho fundamental no está exento de una responsabilidad directamente proporcional a la importancia de tal derecho. Tanto la libertad de expresión como la de información, íntimamente unidas, no son absolutas. Dejan de serlo cuando recorren los embarrados caminos de la discriminación y de la propagación del odio. Líneas de actuación seguidas incluso por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y nuestra propia legislación. Los medios de comunicación y muy especialmente los políticos son los que deben tener actuaciones escrupulosamente ejemplares a este respecto. Vemos desgraciadamente como en nuestro país eso no ocurre, y que la amplia frontera que separaba a la prensa de la propaganda política, si no ha desaparecido, se ha convertido en una finísima línea para algunos medios de difusión e información. ¿Información? Por desgracia hay que interrogarse sobre ello en más de una ocasión y por fortuna la mayoría de los y las profesionales de estos medios no participan de estas tropelías.

Alguien tan poco afín al Gobierno actual, hace unos años realizó unas manifestaciones “sobre limpiar” la red de comentarios que incitan al odio y a la xenofobia. Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior por aquel entonces. Pero parece que esto solo vale para gente de un espectro político concreto, titiriteros y cantantes de rap. ¡Un poquito de por favor! o cómo se dijera esa expresión.

En 1872 Charles Darwin publica “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”. Dedica un capítulo completo al odio. Estudiando su análisis evolutivo. Y parece ser que la más negativa de las emociones humanas en el pasado más remoto de nuestra especie estaría relacionada con la supervivencia. La desconfianza violenta y focalización de la agresividad hubiese servido para mantener a salvo a la comunidad. Entendiendo que eran grupos pequeños de cazadores recolectores y todos los individuos tenían una importancia superlativa para la continuidad y ampliación de la familia.

Pero ¿qué función tiene el odio en sociedades avanzadas social y tecnológicamente bajo regímenes democráticos?

En España lo tenemos claro. Imponer una visión dogmática, totalitaria y reaccionaria. Sustentada en el miedo atroz que sienten tanto PP como Vox por varios temas.

El PP necesita confundir a todos, introduciéndonos en un escenario de crispación, estruendo, visceralidad y mentira, para que la gente se olvide de que son los máximos responsables del desmantelamiento del estado de bienestar con la sanidad como una de las mayores damnificadas. Saben, sabemos, que eso es un dato objetivo.

Y seamos serios, a Casado se le ve cómodo rodeado de griterío y mesiánicos aduladores. Si estuviera por ahí, todavía, Mariano Rajoy habría corrido la misma suerte que Alfonso Alonso, ¡menuda es Cayetana!

Vox no tiene más propuesta que crear y potenciar el odio, hacia las feministas, hacia los homosexuales, hacia los progresistas, hacia el Gobierno, hacia los inmigrantes…, hacia todo aquello que suponga diversidad. Ellos solo entienden la monotonía y la normalización forzada de la unilateralidad. Proyectan sus miedos, irreales incluso para ellos mismos pero que saben que les sirven para tener controlada a una parte de la sociedad (tipo efecto Pavlov). Y en esta crisis, pandemia mundial, se les ve más las vergüenzas. No tienen nada más que aportar porque su programa está vacío de propuestas para el desarrollo de nuestra sociedad y sus representantes son absolutamente incapaces, salvo para insultar al Gobierno y cualquiera de sus miembros, amenazar con alzamientos del ejército, o manipular creando bulos, bulos y más bulos. Miren como pillaron a Abascal haciéndose trampa en el Twitter con un perfil falso que lo alababa, es decir, se auto alababa. Ni Casado es tan torpe…, aunque aún estamos esperando a leer alguno de sus proyectos universitarios.

Tanto PP como Vox odian y crean odio porque tienen miedo, nunca han tenido tanto miedo, como esas sociedades de cazadores recolectores que durante el paleolítico podían utilizar el odio para sobrevivir. ¿Sobrevivir? Sí, esa es la cuestión.

El Gobierno de España, PSOE y Unidas Podemos, están respondiendo al mayor reto con el que la democracia española se ha enfrentado sin tutelaje directo de EEUU. Por si fuera poco, se está liderando la respuesta de los países del sur contra los todopoderosos bárbaros del norte. La propuesta que llevará nuestro Gobierno hoy a la Unión Europea tiene infinitas posibilidades de salir adelante. Es una solución intermedia que puede satisfacer a todos y facilitar de forma decisiva la respuesta socioeconómica a la crisis sanitaria tras vencer al coronavirus. Propiciando enormemente la recuperación de nuestra economía y somos perfectamente conscientes de que eso afectaría muy positivamente a nuestra sociedad. El Consejo Europeo, esta vez, no nos va a fallar.

PP y Vox están deseando que la salida a la crisis, sanitaria, sea otra crisis, económica. Y tener a la gente enfadada, asustada y tremendamente necesitada. En una situación de precariedad absoluta y así poder manipularla con pasmosa facilidad.

Por eso, además de por el odio, básicamente por eso, tienen que intentar hacer caer al Gobierno y han decido concentrar sus ataques en Pablo Iglesias pensando que es el camino para romper el pacto de Gobierno. Le han dicho y le dirán cualquier tipo de indignidad y mentira. Intentarán que exista confrontación con Sánchez o ministros del PSOE.

Están aterrorizados, PP y Vox, porque el Gobierno está demostrando que sí se puede. Se ha puesto a la gente por encima de la economía. Rajoy hizo exactamente lo contrario. Y hoy el respaldo definitivo va a llegar desde Europa. Preparémonos para que, aunque parezca imposible, las ultraderechas españolas aumenten la intensidad, cainismo, y ruindad de sus actuaciones. Casado no da más que para ir siguiendo los pasos de Abascal y Abascal, más conocido por su perfil falso de Twitter, Adolfo Herrero (por cierto, curiosa similitud entre Adolfo Herrero y Adolf Hitler)…, y Abascal … Abascal …. Habrá que preguntar a Esperanza Aguirre.

Ahora vamos a reflexionar sobre uno de los instrumentos más utilizados tanto por PP como por Vox habitualmente y en tiempos de pandemias ¡más! La mentira.

La verdad no suele esconder nada si no es fruto de la mentira y la manipulación o la utilizo para conseguir algún fin oscuro. Sin embargo, la mentira siempre persigue algo y es manipulativa en sí misma, se miente con la intención de conseguir algo. Cuando esta intencionalidad es dirigida hacia el odio deja de ser una mentira para convertirse en un arma. Arma de desestabilización, de lo que sea, pero de desestabilización. Puede ir dirigida contra la paz social o contra la propia democracia atentando contra la legitimidad de los instrumentos que acreditan a la misma. El objetivo primero, que muchas personas no reconocen, es el control. Tras él llega la imposición y tras ella la esclavitud. Pasos que inexorablemente nos llevan a una dictadura.

“En tiempos de dificultades quien se parapeta tras la densa oscuridad del odio no tiene buenas intenciones” Soul Etspes