Una experiencia cultural y humana inolvidable

Crónica del éxito de “Raíz y Rama” en su   gira por Valladolid y Madrid. Capitulo I

Introducción

Es bonito, pero difícil al mismo tiempo, redactar un artículo sobre la gira realizada por la revista literaria y de investigación (sus dos colecciones) “Raíz y Rama” por tierras de Valladolid y Madrid. Ha tenido lugar entre los días 19 y 29 de mayo, once días con cuatro presentaciones y muchos contactos donde distribuirla y darla a conocer, si no era ya el caso, o de seguir ofreciendo sus nuevos números, siempre con contenidos diferentes. Difícil, porque será injusto no reflejar con nombres y apellidos a cada una de las personas que hemos tenido la oportunidad de conocer o volver a saludar. Estas personas quedarán para siempre anotadas en el cuaderno, la memoria y el corazón de Isabel Villalta, la fundadora y directora de la publicación, de Antonio su marido y ayudante y de quien escribe el artículo, colaborador y comprometido con esta noble y gran empresa lectora. Una experiencia cultural y humana inolvidable.

Cronología del periplo

El miércoles 19 llegamos a la Feria del Libro de Vallecas. En la caseta de Sial Pigmalión, editorial de la revista, Isabel estuvo firmando ejemplares. Ambiente literario, visita de amigos, recuerdos del Colegio Mayor “Virgen de África” con Basilio Rodríguez, director hace años de ese Centro Universitario y ahora de la editorial, así como de su poema “¿Oyes, abuela?” correspondiente, como poeta y escritor que también es, a uno de sus libros, al que dio lectura en el Instituto Cervantes de Tetuán cuando este que escribe estaba allí de maestro.

Jueves 20

Por la mañana hicimos una inmersión en la historia de Madrid por medio de las múltiples exposiciones y personajes que se encuentran registrados en el Museo de Historia de Madrid; una historia no siempre edificante, cuando en torno a la corte medraban un sinfín de gentes consentidas mientras el pueblo pasaba hambre y carestías de todo tipo. También hay, sin duda, aspectos buenos en ese museo. Pero está bien analizarlo para saber de dónde venimos y la diferencia con el presente.

Por la tarde partimos en tren a Valladolid. A nuestra llegada, desde la Estación Campo Grande nos dirigimos a pie al Hotel Felipe IV donde teníamos alojamiento para los seis días que íbamos a permanecer en la ciudad.

Alojados, esa tarde tuvimos tiempo de pasear por los lugares más cercanos y, entre ellos, la Plaza de Zorrilla, donde se yergue el monumento al emblemático escritor vallisoletano, y el parque Camp

o Grande, pulmón de la ciudad, un espacio verde único en España que nos acogió entre muchos ciudadanos de todas las edades, especialmente niños, y nos permitió un recorrido entre árboles, vegetación tupida, rosas, el sonido y la presencia de los pavos reales, su lago artificial y sus cascadas, la presencia de la biblioteca que alberga, la casa de los pájaros, recuerdos en esculturas a los escritores de la ciudad, al alcalde Miguel Iscar… Un espacio mágico lleno de fuentes, flores y alegría.  El parque, por sí solo, advierte de que Valladolid es una ciudad singular, cuidada y con estilo que merece visitarse.

Viernes 21

Nos desplazamos a la puerta antigua de la Universidad, actual Facultad de Derecho, en la plaza de Santa María, llena de estudiantes en su hora de bocadillo y donde muy cerca se encuentra un precioso homenaje escultórico a la Lengua Castellana. Allí nos habíamos citado con la Dra. Rosario Pedrosa Sanz, profesora titular de Economía Aplicada de la Facultad de Económicas y Empresariales de esta Universidad vallisoletana, de quien tuve el enorme placer de ser alumno en un curso sobre la importancia de la Unión Europea en nuestra política actual.

Posteriormente nos dirigimos en bus público a la localidad de Peñafiel, donde, tras una distancia entre singulares paisajes de pronunciadas elevaciones en forma de cubo, casi todas despobladas, y valles de viñedos, entre los que persisten cuidados algunos antiguos monasterios, habilitados como hoteles o como bodegas, nos recibió el río Duratón, afluente del Duero, a su paso por la localidad con su rumor de aguas abundantes. Mediodía que era, lo primero fue tomar la comida en uno de los restaurantes que empezaban a abrir tras lo duro de la pandemia. En la terraza al aire libre, contemplando el perfil del castillo en lo alto, comimos un rico lechazo tradicional. Tras los postres, un taxi nos subió a la magnífica fortaleza con forma de grandioso barco sobre el falcón de las mismas dimensiones que lo sostiene. Desde la altura, las vistas de la localidad y la llanura castellana son espectaculares, llegando a verse con claridad varias poblaciones del entorno, incluso la sierra madrileña de Guadarrama. En visita guiada, nos explicaron la historia del bastión, lugar histórico por su pasado musulmán en lid con los reinos cristianos y sitio defensivo del valle del Duero y los ríos Duratón y Botijas. En la parte baja del imponente castillo se encuentra el museo del vino, muestra cultural del Ribera de Duero, y en los subterráneos se ordenan muestras de botellas de vino de toda España.

A nuestra bajada visitamos la plaza rectangular del Coso, centro de acontecimientos taurinos y de la “Llegada del Ángel”, históricos festejos de la localidad. Igualmente entramos en la iglesia convento gótico-mudéjar de San Pablo, donde en una urna de piedra se encuentran los restos del Infante don Juan Manuel. Desde pequeños oímos hablar de este autor del siglo XIV, sobrino del rey Alfonso X, así como de su obra El Conde Lucanor. Literatura e historia se dan cita en Peñafiel.

Por último, nos allegamos a los entornos del Colegio Comarcal, con su importante función integradora cuando quien escribe esta crónica fue maestro allí con esos vocacionales cometidos entre la población gitana.

Sábado 22

Tuvo lugar la presentación oficial de la revista en la Casa Museo de Zorrilla. El acto, que tuvo lugar en el jardín romántico y fue retransmitido para las redes digitales, fue presentado por Pedro Ojeda Escudero, escritor y profesor de Literatura española en la Universidad de Burgos. En su intervención hizo referencia a la revista donde los artículos reflexionan sobre diversas cuestiones del saber y unen a escritores y lectores, tal como está en los principios del proyecto en su fundadora Isabel Villalta. Presentó a esta mujer que dirige con rigor la revista, así como a este humilde participante, mencionando, sabedor de que tuve el honor de trabajar como maestro en Valladolid, que “la condición de maestro nunca se pierde”. Por su parte, Julio del Valle, diputado y portavoz cultural, también entre los integrantes del estrado, hizo referencia a la cultura como sanación del alma, la poesía como refugio del espíritu y su importancia educadora. Expresó unas palabras como homenaje a los poetas fallecidos. Ana Redondo, concejal de Cultura describió la Casa de Zorrilla como “Isla de paz” e hizo alusión a Valladolid como “ciudad que une la literatura, la palabra y la lengua desde el siglo XVII”. Planteó la confluencia entre Valladolid y Castilla La Mancha y la posibilidad de potenciar la relación cultural entre ambos territorios.

Isabel Villalta expresó los agradecimientos y saludos pertinentes, diciendo sentir como un honor estar en tan emblemático espacio y en la ciudad de Valladolid, así como la cálida acogida de los asistentes. Seguidamente adentró en el homenaje que el último número de la revista, el 6, rinde a los docentes por su esfuerzo en sacar dos cursos adelante en situación de pandemia con las restricciones necesarias. Manifestó que “la educación, la buena formación de niños y niñas y los jóvenes, es el motor

que impulsa una sociedad libre y feliz, capacitada y comprometida desde el respeto a los saberes, las personas y el mundo”. Me cedió a continuación el paso para que ampliara el reconocimiento.

Así lo hice. Una alabanza necesaria al valor de la educación y defender la vida de todo el alumnado, desde la educación infantil a la universidad o aprendiendo hasta la edad que cada uno quiera. Maestras y maestros, profesorado de institutos y universidad, en todos los sectores educativos, nunca dejarán su puesto vacío ni dimitirán de su función. Cada día se enfrentan solos a los retos que presenta cada uno de los alumnos. Tuve referencias a equipos de profesores presentes en el acto, que con unidad y coordinación abrieron puertas y sumaron fuerzas allá por las primeras décadas de la democracia, o los que continúan. Todos tendrán siempre mi mejor recuerdo y agradecimiento. La Dirección Provincial encabezada por Mauricio Pardos e Isabel Barrios, la Unidad de Programas con Arturo López Sacristán… David Torres, que fue Decano de la Facultad de Derecho, Jesús, Emma, Alejandro, César y muchos más… El respeto para todos los docentes e instituciones educativas que continúan, sean del signo que sean. Tuve mi agradecimiento a mi hijo, Héctor, por no dejar de enseñarme. Tengo dos nietas que son medio vallisoletanas, la mitad de la familia de mi hijo es de Valladolid. La segunda de mis nietas, Paula, se llama así en honor a una de las maestras más queridas de su padre, Héctor.

Mencioné a don Carmelo Melgar Villa, un vallisoletano ilustre que fue un buen embajador de su ciudad y modelo de maestro y director que veló por la educación inclusiva en Membrilla, Manzanares y Ciudad Real. Despedí mi intervención con el agradecimiento a Isabel Villalta por dejarme ocupar este puesto de honor en su proyecto cultural, y con mi agradecimiento a las personas que organizaron el acto, así como a los asistentes.

A continuación, el dúo de la Escuela de Música del Ayuntamiento de Valladolid compuesto por Manuel Gas, a la guitarra, y Óscar al acordeón, interpretaron, en la voz de Manu, la canción “El maestro”, de Patxi Andión. Un buen broche al homenaje a los docentes; en su caso, a los buenos maestros y maestras de la República, que ponía de relevancia que, afortunadamente, los de hoy no tienen, o no deben tenerlo, ningún rechazo social como ocurrió entonces tras el desastre de la guerra civil, sino todo lo contrario. Al reconocimiento se sumó la belleza de la música.  

Volvió a tomar la palabra Isabel Villalta. Como directora de la revista trazó de entrada las pinceladas que la caracterizan y, alternando su interés lector, realizó un detenido y enriquecedor paseo histórico, literario y cultural por el “árbol” de Valladolid desde la prehistoria hasta la “rama” de esta ciudad moderna a la vanguardia en modelos urbanísticos para el sostén de la bioesfera, el desarrollo empresarial y la calidad de vida de sus ciudadanos. Cambio de nuevo a sus informaciones en torno a la revista, sus contenidos, sus colaboradores con hábito de pluma y preparación académica o experimental; una publicación sólida en dos colecciones de valor investigador, la una, y literario, la otra, donde entre las firmas está la suya misma y la coordinación, con introducción y epílogo, de cada edición. Al hilo, Isabel reflejó un buen conocimiento de la vida, acontecimientos y personajes que han destacado en la que fuera capital de España en los comienzos del siglo XVII. Con su mano izquierda pedagógica, puso de relieve algunas relaciones culturales entre personajes literarios comunes a Valladolid y la Mancha, como Cervantes que aquí vivió mientras la ciudad fue corte pero inmortalizó nuestra región manchega en Don Quijote, o como Quevedo que trabajó en Valladolid pero falleció en Villanueva de los Infantes, en la provincia de Ciudad Real, e invitó a visitar la Casa-Archivo del genial y satírico escritor en Torre de Juan Abad, localidades a escasos kilómetros la una de la otra. Finalmente, como no faltó por mi parte al loar la Educación, tampoco lo fue por la de Isabel la mención especial a don Carmelo Melgar Villa, que también une a nuestros pueblos de origen con Valladolid. Don Carmelo, recordó Isabel, fue también un alcalde ejemplar de Manzanares en los últimos años de la dictadura.

Isabel mostró la autenticidad creativa y el rico poso cultural que la caracterizan, así como una actitud de hermanamiento y de diálogo. Saludó, finalmente, a la ciudadanía de Valladolid, destacando los positivos aspectos de la política municipal del actual Ayuntamiento, dirigido por Óscar Puente, así como a escritores actuales de la ciudad, sin olvidarse de celebraciones de prestigio nacional como la Seminci o el concurso de tapas.

Por supuesto, la cultura, y en concreto la Casa de Zorrilla, como puso de relieve Pedro Ojeda, este sábado 22 de mayo tuvieron una importancia destacada en este acto de presentación de “Raíz y Rama” en Valladolid, que inauguraba la apertura de celebraciones culturales tras el cierre por la pandemia; que retornaba a la ciudad a la vida normal acostumbrada. Valladolid, finalizó el ilustre presentador, y así lo subrayamos quienes fuimos con esta hermosa revista para animar a su lectura, es una capital de referencia de la cultura en España y corazón cultural de Europa, en una España para la que los Pirineos ya no suponen una barrera.

Por la tarde realizamos la ruta del Hereje, imprescindible para conocer cómo era el Valladolid del siglo XVI y, en general, la vida en nuestro país, para conocer el arte y la vida social de entonces y de dónde venimos. El Hereje, novela de gran Miguel Delibes, autor representativo de Valladolid, es una obra fundamental que tiene su recorrido real por esta ciudad, entre otros lugares, la calle de Santo Domingo de Guzmán y los conventos de la Reforma, la participación de los hechos en la Plaza Mayor y los autos de fe o el quemadero del Campo Grande. Recordar que el protagonista (y condenado) de El Hereje solo pretendía modernizar la Iglesia.

En el próximo capitulo... Con un coche alquilado para hacer la ruta con mayor libertad, nos acercamos a la Villa del Libro, Urueña. Un día cultural y de sol. Visitamos el museo etnográfico de Joaquín Díaz...