Este tipo de relación, de carácter formal y nada más que formal, nos viene a confirmar una vez más que el mundo está atado al dinero y nada más.

Uno, porque se encuentra más débil en las relaciones internacionales —por algo será—, y el otro, porque su interés es el dinero y el poder.

Ni uno es mejor que el otro, y así seguimos. El sistema sabe anestesiar a la población, pero la gente de abajo, ¿qué espera? ¿Acaso ama tanto al dinero que no vive para otra cosa? ¿Ha desaparecido el amor hacia el otro? ¿Qué le ha pasado a la humanidad, si es que queda algún resquicio de ella?

Hoy hay más respeto en los correccionales, es decir, lugares donde hay chavales que han cometido un delito grave y están internados, que en los vestuarios de las "estrellas" del fútbol o en los parlamentos.

Se han perdido las prioridades y ya el género homo no sabe ni por asomo adónde va.

Claro que siempre, como saben, queda la esperanza: hay un muy pequeño porcentaje de jóvenes que está en una onda muy positiva de gusto por el aprendizaje, sabiduría y lucha.

Eso es lo positivo, amigos. Reciban un cordial saludo.

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